.:: El desastre de Jakaro IV - Capítulo II ::.

“¡Gran Señor! En el bosque situado entre las ruinas de la refinería y la plataforma de aterrizaje... creo que se ha movido algo... con las miras de nuestros rifles no distinguimos nada.”

Sargento Rekeene, explorador. Minutos antes de morir.

Malakias y su escolta, la escuadra del sargento Hephaestus, había avanzado hasta la antigua refinería para tomar buenas posiciones elevadas, sus retro-reactores dejaron de producir ese ensordecedor sonido al tomar tierra, lentamente y sin querer hacerlo fue girando la cara para observar el bosque. Estaba lejos, oscuro, inmutable, pero no necesitaba verlo para saber lo que ocultaba.

-“Reflector activado. Encuadre hacia cuadrante 34.B.3. Energía a... ¡Por el Emperador! ¿Que es eso? ¡Alarma! ¡Alarma!.” -consiguió articular Barael, un artillero de Rapax. Del bosque comenzaron a salir como una marabunta los enemigos que les acechaban.

-“Es monstruosamente enorme...” pensó Rekene, intentando articular palabras coherentes a sus hombres... al fin –“¡Olvidaos de los gantes! Disparad a... disparad... disp... disparad a ESO grande!.”

El Land Rider Cruzado Rapax frenó en seco, patinando a causa de la gran cantidad de barro. Su color verde oscuro, casi apagado por el barro, brilló en la noche cuando el reflector iluminó aquellos seres monstruosos. Barael no soltó el dedo del gatillo mientras apuntaba a todos los gantes que se abalanzaban sobre su vehículo, los enemigos dejaron de ser puntos para convertirse en una masa verde iluminando la pantalla de blancos antes oscura y silenciosa. El conductor dio las ordenes al espíritu máquina para operar independientemente, rezando una plegaria de pureza. Los enemigos comenzaron a caer bajo el intenso fuego de Rapax.

-“¡Salvajes de Bavaro! Preparados para desembarcar, tenemos que cruzar el bosque y consolidar una posición allí. ¡Estar preparados para cuando nos limpien el camino!

-“¡Salvajes!.” – Fue la respuesta de 7 voces deseosas de salir de aquel habitáculo.

-“Piloto, en cuanto sobrepasemos la línea de los gantes y el carnifex saltaremos”

-“Negativo, los sensores indican que hay mas enemigos detrás, no hay forma de traspasarla”

-“La traspasaremos... en cuanto estemos en tierra avance hasta la plataforma de aterrizaje y cubra al resto hasta la evacuación tot...” –Un poderoso haz de luz le hizo volver la vista hacia la escotilla de visión derecha, Ignis, el venerable dreadnougth había disparado su cañón láser sobre otro objetivo diferente al reflector, no era muy grande, pero su respuesta fue titánica... un rayo de disformidad se dirigió directo hacia Ignis, mientras hacia un surco levantando el barro en su trayectoria, fue terrible. El venerable guerrero de 12 siglos de batallas estalló en una gran bola de fuego iluminado la oscura noche y revelando la naturaleza del enemigo. Cientos de gantes avanzaban a pasos agigantados sobre los marines espaciales, el Emperador los tenga en su Gloria.

El reflector había iluminado la zona boscosa, ni la oscuridad que engullía aquella noche ni la lluvia que resbalaba por los visores de los cascos de los marines pudo impedir ver lo que tras el se ocultaba... toda una gran horda... cientos de gantes y bestias gigantescas capaces de aterrorizar al hombre más valiente, pero no a ellos, no a los primogénitos del Adeptus Astartes, no a los Hijos del León.

-“¡Disparad! ¡Disparad! ¡Disparad! ¡Gloria al Emperador y Honor para el Capítulo!” –Gritó voz en cuello Malakias alzando su antigua y ornamentada espada, tesoro y reliquia antigua de su capítulo.

-“¡Skirla efectuando fuego!”

-“¡Disparad! ¡Disparad! ¡Disparad!.” Fue la respuesta de todos los jefes de escuadra.

Una gran lluvia de proyectiles cayó sobre la horda de gantes, la devastadora tormenta de la artillería pesada descargó sus relámpagos de muerte ejecutando sin piedad a sus enemigos, destrozándolos y mutilándolos sin contemplaciones.

Pero a veces la victoria no sirve, no al menos contra estos seres sin sentimientos, sin razón, sin humanidad. Debían destruirlos, borrarlos de la faz de aquel plantea, eliminar todo vestigio de existencia. El tiempo corría de su contra, la nave Catedral Oscura orbitaba alrededor de Jakaro IV acercándose hacia la zona de aterrizaje para lanzar primero sus Thunderhawks y recoger a sus hermanos, y para después purgar inicialmente ese planeta lanzando una lluvia mortífera sobre su superficie y esperar a la Gran Flota del Almirante Terrenx, para purgarlo definitivamente con una orden “Exterminatus”.

La escuadra del sargento Rekeene al ver la ingente masa enemiga trató de cubrirse tras el avance de Rapax...

-“Ni la noche, ni la lluvia, ni el terreno, nada, nada podrá protegernos de ese enemigo y su arrollador avance el tiempo suficiente para acabar con ellos o al menos con su cuartel general y retrasarlos.” –Rekeene sacudió su cabeza para quitarse sus pensamientos, la capucha de la capa de camuflaje resbaló sobre su cabeza descubriendo su rostro y dejando que la lluvia acariciara sus mejillas tatuadas. –“¿cómo van a tener cuartel general estas bestias? Si no están organizadas, sólo son bichos... que el Loado Emperador nos proteja”.

-“¡¡¡Los tenemos encima sargento!!!”

-“¡Elegid los objetivos y apuntar bien!” . Gritó a sus exploradores mirando a través de la mira telescópica de su rifle. -“Que tontería...” –pensó Rekeene –“Es imposible fallar...”

Cientos de gantes y tiránidos poderosos avanzaron sobre la posición de Rekeene y ni las bajas que sufrían les retrasó el avance ni un segundo, varios bichos de la escolta del carnifex cayeron bajo el fuego de los rifles... pero no fue suficiente.

-“¡Disparad! ¡Disparad! ¡Disparad!” –ordenó Rekene y sus hombres obedecieron.

Con el primer disparo abatieron un guerrero de la escolta, con el segundo a otro, con el tercero hirieron al carnifex, uno de los exploradores sacó su largo cuchillo y lo clavó en la tierra delante de él, con el cuarto lo volvieron a herir y Rekeene en el instante de recargar para el quinto vio los ojos del primer gante tan cerca que casi pudo ver de que color eran.... si es que esos seres tenían ojos... no hubo un quinto disparo.

-“¡Semper Fidelis!” – Y Rekeene golpeó con la culata de su rifle al primero mientras otro gante le clavaba sus aceradas garras en la pierna derecha, traspasándola seccionando músculos y partiendo el hueso, obligándole a arrodillarse de dolor. La rabia le invadió. En otra ocasión había sufrido una herida peor, pero esta humillación... arrodillarse... pidió perdón al emperador y recitó la plegaria de la Fortaleza y la Redención, pidió fuerzas, para morir como un marine espacial, con honor.

-“¡Por la derecha!” -gritó el explorador que había dejado el cuchillo clavado en la tierra. Con rapidez esquivó el tajo de las garras saltando a un lado, recogiendo el cuchillo y sin dudarlo le traspasó la cabeza con este, haciéndole caer al suelo junto al gante rodando por el barro. Miró a su alrededor. –“Escuadra Rekeene al resto, han traspas...”. -Una garra le seccionó limpiamente el cuello.

Hamalias luchó ferozmente, él era el último explorador tras morir Venture. Los gantes se habían echado sobre Venture como los carroñeros a los animales muertos, cuando este los vio acercarse dejó a un lado el rifle y dirigió su mano hacia el cuchillo que tenia en el pecho, y la otra hacia la bolsa que tenia en el costado izquierdo. La desesperación brotó de su rostro cuando un gante le clavó sus garra en el pecho, sobre el corazón y la mano que se dirigía a sacar el cuchillo. El gante emitió un sonido victorioso, mientras la sangre del marine espacial le salpicaba la piel quitinosa, pero esa alegría se tornó sorpresa cuando el explorador en su ultimo suspiro de vida, escupiendo sangre y al grito de “Siempre Fiel”, voló por los aires a causa de la explosión de la granada que sostenía su otra mano, se llevó al infierno al menos a 6 gantes con él.

Hamalias intentó retroceder resbalando repetidas veces a causa del barro y la lluvia, buscando refugio donde poder sacar ventaja y ralentizar el avance Tiránido. Los mantuvo a raya unos metros, tenía en una mano su cuchillo y en la otra el rifle, sosteniéndolo a modo de garrote, ya prácticamente inservible por los golpes. Su respiración era muy rápida y exhalaba vaho por el contraste de la temperatura, la carrera había sido muy fuerte y sintió como se ahogaba mientras respiraba ruidosa y desesperadamente, arañando el barro del pequeño montículo por el que intentaba ascender con sus puños cerrados sujetando sus armas. El blanco de sus ojos contrastaba con el barro oscuro que manchaba su cara. Se giró sobre su espalda tumbado sobre el barro dando cara al enemigo. Multitud de gantes se le tiraron encima, no pudo hacer nada mientras lo descuartizaban con sus poderosas garras, cortes y tajos profundos, por suerte el tercero fue mortal, no sintió el resto.

Fuente: Lemariont de catedraloscura.webcindario.com



 



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